Prof. Dr. Juan Carlos Copioli, Ex profesor de Clínica Médica Universidad Nacional de Córdoba. Profesor de Inmunología, Universidad Nacional de Villa María.– Practicar la medicina sin libros, es navegar sin brújula, pero, intentar el ejercicio de la medicina sin escuchar al paciente, ni siquiera es embarcarse (dictum de Osler).

Estoy escribiendo algunas reflexiones sobre la participación que me cupo en las 1ras. Jornadas Nacionales de Medicina del Estrés y Psicoineuroinmunoendocrinología que con el lema de “ ¿Cuanto enferma el estrés? , tuve la oportunidad de coordinar bajo la organización de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Villa María, Ciudad de Córdoba, Argentina.

En el discurso inaugural hice mención a los dichos de Voltaire, cuando en el siglo XVII afirmaba que: Los médicos son personas que prescriben medicamentos que conocen poco, para enfermedades que conocen menos, a personas que no conocen nada. Es que, si bien cuatro siglos después, sus dos primeras afirmaciones han perdido gran parte de vigencia, no toda, la última de las mismas, es una característica de muchos médicos que, aplicando un razonamiento positivista o biologísta, se afanan en llegar rápido a un diagnóstico sindrómico, aplicar avanzadas técnicas de laboratorio o imágenes,  y, lograda la certeza o aproximación, aplicar un tratamiento predominantemente farmacológico, sin considerar el aspecto biográfico del ser humano que ha recurrido a el. Siguiendo en esa línea, me asigné un relato referido a la relación médico paciente y al paciente insatisfecho.

El negacionismo oscurantista  forma parte de la soberbia de muchos colegas, los hace considerar que, lo que ellos no han estudiado, o no tiene evidencia científica, no existe. Esa conducta es una verdadera cantera de pacientes insatisfechos, los que llegan habiendo consultado a distintos especialistas, que lo han escuchado poco. Porta una abultada carpeta con un sinnúmero de estudios, frecuentemente innecesarios y repetitivos. Es también frecuente  que, frente a su propio fracaso, los médicos que lo atendieron, terminan demostrándoles, con su actitud, que ya no les interesa atenderlos. Es mas le han agregado pensamientos catastróficos sobre su dolencia. Es lo que yo denomino “ estrés iatrogénico “, está mas enfermo que antes de haber pasado por galenos que poco lo han escuchado, que lo han despachado sin atenderlo. El diagnóstico de ansiedad y/o depresión, no ha sido tenido en cuenta, mucho menos aún, se ha inducido al paciente a que se explaye sobre su situación frente a la vida, a su trabajo, a sus relaciones sentimentales, a sus vivencias cotidianas, a sus adversidades o sufrimientos. A lo sumo se lo despacha con un “ a secas”, tiene estrés.

Del grigo hiatros (médico) y geno (producido por), dicese de toda alteración mórbida provocada por el médico, aunque no conlleve la voluntad de ocasionarlo. Lo volitivo es poco trascendente si incurrimos en impericia, imprudencia o negligencia, como causales de mala praxis. Entonces, un paciente insatisfecho frecuentemente agrega una carga de estrés iatrogénico.

Como especialista en alergia e inmunología, es un claro ejemplo, el que me llega con el diagnóstico previo de “usted es alérgico a todo”, porque ha tenido reacciones adversas frente a distintos fármacos, muchas de las cuales, distan de ser de origen alérgico. A partir de ese diagnóstico lapidario, inexistente como noxa, el paciente cree que todo le que se le prescriba le caerá mal y, efectivamente, le caerá mal, se le ha marcado a fuego, de una manera irresponsable, un diagnóstico inexacto y muy preocupante. Maleficencia en lugar de beneficiencia, o sea estés iatrogénico. Ningún médico tiene derecho a cercenar las esperanzas de sus pacientes, mucho menos de preocuparlo mas con una comunicación inadecuada.

Otra situación que he observado con frecuencia es aquella en la que, la inseguridad y el temor al fracaso del médico,  determina que la comunicación, lejos de llevarle tranquilidad al paciente, le argumenta una situación compleja, difícil de resolver y de pronóstico reservado. Le vamos a operar pero no podemos garantizarle resultado. Sin desconocer que, en muchas ocasiones debemos comunicar sobre diagnosticos severos, debemos hacerlo con prudencia y siempre en un marco esperanzador, tomando los conceptos de Francisco (Paco) Maglio, en su libro “Los pacientes me enseñan”, no solo al lado, sino tambien del lado del paciente, esto, dice Paco, solo se logra con el escuchatorio.

La enfermedad crónica es un evento físico, espiritual y social. Nuestras escuelas de medicina persisten en una formación predominantemente biologista. En semiología se nos enseña a interrogar, muy poco a escuchar, es mas, se nos habla del interrogatorio dirigido, interrumpir al paciente cuando se vaya de la línea sindrómica que está esbozando, con narrativas que no hagan al algoritmo diagnóstico señalado para tal situación. Con el escuchatorio, con su narrativa, nos ponemos del lado del paciente y eso es terapeútico, a veces mas que los fármacos. Hipocrates decía “muchos pacientes se curan con la satisfacción que les produce que el médico los escuche.

El tekne y el medeos, el médico debe ser una persona que cuida al paciente y, además, lo cura. Decía Platón, en la apología de Sócrates, que este afirmaba que: los médicos tenían que tener aptitud y habilidad, ser buenos técnicamente, pero para ser buenos médicos, debían tener la actitud de una persona que cuida a otra.

El Manual de ética del Colegio Norteamericano de Médicos indica, desde 1992, a sus miembros que: Los médicos deben ayudar a la comunidad a reconocer y tratar las causas sociales de las enfermedades y ayudar a corregir las deficiencias en la disponibilidad de los servicios de salud.

Medicus: vir bonus, plena humanitas, medenti peritus, médico, buena persona, plena de humanidad, perito en el arte de curar (Barcia 1875). Nadie es mejor en lo que hace como profesional, que lo que es como persona.

El estrés inflama, enferma y mata. Es un verdadero contamiante social de nuestros tiempos, una verdadera epidemia que, con múltiples expresiones clínicas, determina la aparición y/o condiciona la evolución de numerosas afecciones. No creo exagerar al decir que, ya en la actualidad, sea uno de los factores epigenéticos mas importantes a considerar. Es irresponsable decir, simplemente, usted tiene estrés, sin habernos adentrado, con un escuchatorio paciente, los médicos tenemos que ser también pacientes, en las causas de las adversidades psicosociales que afligen al ser sufriente que  viene a requerir nuestra ayuda.

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