Por Lorena Giannina Fiorucci– En el siguiente trabajo se abordará el caso de una paciente recuperada de la enfermedad de Cáncer – Linfoma No Hodgkin de células tipo B desde la perspectiva Psicoinmunoencrinológica (PINE), se comenzará por describir brevemente el enfoque integrativo, nombrando sus dimensiones fundamentales que formarán parte de todo el trabajo.

Una vez enmarcada la visión subyacente se dará paso a la presentación de la paciente, su
personalidad y cuáles son las características principales de la misma. Se proseguirá con un
posible inicio de la enfermedad, donde se estima que el “estrés” fue un factor influyente; se
definirá dicha concepción y cómo puede participar en el desenlace de una enfermedad.
Recuperando información del relato de la paciente y los estudios realizados, se proseguirá
con el desarrollo de la enfermedad desde su comienzo, prosiguiendo con el diagnóstico, la
ubicación de los tumores, los tratamientos efectuados para eliminarlos; opciones alternativas de cura que se le presentaron, el tipo de alimentación elegida, ejercicio físico y reflexivo.

Al tratarse de un enfoque integrativo se intentará abarcar todas las dimensiones de ser
humano que propone la PINE con igual énfasis, dando por entendido que por más que se
diferencien para una mejor comprensión de la lectura las mismas se encuentran todas
presentes y en constante interacción.

En el final del desarrollo se mencionan algunos cambios vitales y crecimiento
post-traumático que se fue logrando durante el proceso de cura.

DESARROLLO
El presente escrito es el trabajo final de la primera DIPLOMATURA EN CIENCIAS
DEL ESTRÉS Y PSICOINMUNONEUROENDOCRINOLOGÍA CLÍNICA dictado en la
Escuela de Graduados de la facultad de Ciencias Médicas perteneciente a la Universidad
Nacional de Córdoba -Argentina.

Perspectiva Psicoinmunoneuroendocrinológica (PINE)
Para comenzar se procede a definir brevemente en qué consiste la Psicoinmunoneuroendocrinología (PINE), ya que es la perspectiva que se sostiene como
matriz, tanto en éste trabajo, como de la diplomatura en sí. Se trata de un paradigma de
comprensión del ser humano y de los procesos de salud y enfermedad como una unidad
cuerpo-mente-entorno. Una convergencia causal multifactorial a la cual se suma la
convergencia temporal, el pasado, las circunstancias actuales y expectativas futuras
(Dubourdieu, 2017).

Una visión integral que aporta un sustento científico acerca de las interrelaciones de los
sistemas Nervioso, Endócrino e Inmunológico; los principales sistemas reguladores de la
biología, que responden a las circunstancias psicosocioespirituales y ambientales de cada
sujeto (Dubourdieu, 2017). Es así que se llega a un abordaje terapéutico integrativo
multidimensional, una Medicina Integrativa, Nutrición Integrativa, Psicoterapia Integrativa,
entre otras ciencias de la Salud que juntas puedan trabajar como un verdadero equipo
interdisciplinario.

El paradigma PINE explicado por Margarita Dubourdieu (2017), considera al ser humano
como un todo, en sus cinco dimensiones, las cuales funcionan conjuntamente, ellas son:
Dimensión Biológica; Dimensión Cognitiva y Conductual; Dimensión Psicoemocional
Vincular; Dimensión Socio-Cultural y Ecológica; Dimensión Espiritual/Trascendental.

La dimensión Biológica refiere a las conductas basales, el sueño, la alimentación, el ejercicio, la relajación, etc. En cuanto a la dimensión Cognitiva Conductual los pensamientos y las creencias. Por su parte la dimensión Psicoemocional Vincular toma en cuenta los afectos, las relaciones sociales, laborales, familiares y su personalidad. La dimensión Socio-Cultural y Ecológica se enfoca en lo físico-ambiental y lo socioeconómico. Por último, la dimensión Espiritual / Trascendental va al sentido de vida, las motivaciones y valores morales. Todas las dimensiones van a ser factores que inciden en el proceso de salud / enfermedad y bienestar de cada ser humano. En el presente se trabajo se intentará abordar el caso desde las cinco dimensiones.

Presentación del caso – Dimensión Socio-Cultural y Ecológica
Ya conceptualizado el enfoque se comenzará con el desarrollo del caso que se trae a
colación; el mismo se trata de una paciente mujer que contrajo la enfermedad de cáncer,
diagnosticada en julio del 2015 cuando ella tenía de 30 años. Para preservar su identidad, se utilizará como seudónimo “la paciente G”.

“G” vive en Córdoba capital desde su nacimiento, con un nivel socioeconómico que podría
ubicarse en la clase media. hoy tiene 35 años, es casada, madre de dos niñas gemelas, es
Licenciada en Nutrición y ejerce activamente su profesión. Mantiene fuertes lazos con su
familia más próxima, extendida y amigos.

Personalidad
En cuanto a la definición de personalidad, se tomará como referencia uno los muchos
postulados que se fueron dando a lo largo de la historia, en éste caso será el concepto de Carl Rogers desde un enfoque humanista-fenomenológico, donde propone que cada persona tiene su manera de ver el mundo y que la personalidad va a proceder de la simbolización de la experiencia de la propia existencia, la misma surge de la integración de la tendencia a mejorarse a sí mismo con las necesidades de sentir afecto por parte del entorno y de la autoestima derivada del contraste entre su conducta y la respuesta que reciba por parte del entorno (Hernangómez, L. y Fernández, C. 2012).

Tiempo atrás se desarrollaron estudios acerca de los tipos de personalidad y cómo pueden
estar relacionados con algunas patologías específicas; es decir un tipo personalidad como un factor de riesgo psicosocial (Eagleston, Chesney, Rosenman 1988), los primeros en
desarrollarlo fueron los autores Friedman y Rosenman (1959), quienes describieron la
personalidad tipo A, la cual consistiría en rasgos tales como: impulsividad, competitividad,
hostilidad, impaciencia, preocupación desmesurada por el tiempo y el cumplimiento de
plazos, así como también una necesidad de control de sí mismos y de los otros; incluso se
describieron patrones conductuales en los que se presentaba cierta tensión facial, un caminar apresurado y que en reuniones sociales podrían interrumpir a otras personas; se planteó que el tipo A podría ser desencadenado a partir del estrés ambiental, la presión y el reto;  Desde ésta postura, la personalidad A sería propensa a contraer enfermedades cardiovasculares.

Como su contraparte propusieron la personalidad tipo B como personas más relajadas,
pacientes, reflexivas, con una presentación de niveles más bajos de ansiedad, no suelen ser competitivos y en cuanto a ellos, se obtuvo que tendrían un riesgo mucho menor de contraer enfermedades coronarias o cardiovasculares (Eagleston, Chesney, Rosenman 1988).

Posteriormente en 1980 Morris y Greer por primera vez acuñan el término de personalidad
tipo C para describir un estilo caracterizado por la supresión de emociones ante situaciones
consideradas estresantes, luego Eysenck describe que el tipo C es conformado por personas sumamente cooperativas, evitadoras de conflicto, pasivos y al igual que los autores antes mencionados, que utilizan la represión de emociones como mecanismo de afrontamiento, con una mayor predisposición a la desesperanza y depresión. Perspectiva que se considera como un factor de riesgo para enfermedades crónicas como el cáncer y la depresión (Vinaccia, 2003).

A partir de la entrevista realizada se podría caracterizar a la paciente “G” como una persona independiente, inquieta, con gran capacidad intelectual, paciente, exigente y muy
auto-exigente, emprendedora, sensata, con un sentido de realidad adecuado, fuertemente
estructurada; posee una destacada capacidad de gestión, puede centrarse en sus intereses, como así también en la necesidad de otras personas de manera empática y con predisposición al servicio; en cuanto a su reacciones auto-percibidas, plantea que puede expresarse fácilmente buscando evitar todo tipo de confrontación, incluso en momentos de enojo.

Desde el punto de vista de la entrevistadora, quien escribe, no se podría establecer que la
paciente pertenece exclusivamente a uno de los tres tipos de personalidad descritos, ya que se puede observar que en su accionar cotidiano “G” presentaría rasgos tanto de la personalidad A como de la personalidad C y posterior a la recuperación de su enfermedad también se podrían marcar puntos, como una mayor reflexión y relajación que pertenecen a la personalidad tipo B. Por lo tanto no se perciben rasgos suficientes para clasificar su
personalidad dentro uno de los tipos propuestos y que ello pueda ser un factor determinante e influyente para la adquisición del cáncer; pero sí se puede establecer que es una persona equilibrada.

VER TODO EL TRABAJO EN FORMATO PDF

FIORUCCI monografía diplomatura PINE 18_19.docx

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here