Por Pablo Cólica-  ¿Hubo siempre estrés?  Por supuesto. ¿Era mayor el estrés del hombre primitivo? Este interrogante es de difícil respuesta. Los conceptos de vida y muerte en esa etapa de la evolución donde la expectativa de vida era sumamente breve no tenían nada que ver con lo que sentimos y pensamos hoy. Las respuestas eran casi puramente instintivas: miedo, fuga o parálisis.

La necesidad de supervivencia aportó a la evolución cognitiva para poder afrontar el peligro, planificar estrategias, idear armas defensivas que luego se convirtieron en ofensivas para la caza y alimentación. El desarrollo y  complejidad del pensamiento fueron muy lentos; el homo sapiens tiene alrededor de 300.000 años pero solo dejó registros que revelan una cierta complejidad desde hace unos 5.000 años.

A medida que fue encontrando mecanismos de supervivencia se fueron desarrollando y perfeccionando  sus sistemas nerviosos, endócrino e inmunológico que siguen cambiando según les toque adaptarse a nuevas situaciones.

Van desapareciendo muchos de los agentes agresores con los que se tuvo que ver durante miles de años, desde animales feroces a luchas tribales. Grandes guerras y grandes pestes diezmaban la humanidad. A medida que deambulaba por la tierra buscando alimentos se encontraba con nuevas variedades de hongos, bacterias, virus, etc. a los que debía adaptar su sistema inmunológico para superarlos y crear anticuerpos. Su piel era la primera barrera inmunológica y  debía crear muchas defensas; contaba con receptores, neuropéptidos y pro hormonas similares a su sistema nervioso central porque derivaban de la misma capa embriológica. Maravillas de la evolución.

Se adaptaba a los climas mientras migraba, en su piel contaba con un polipéptido llamado pro-opio-melano- cortina (el mismo que se encuentra en el plexo coroideo entre hipotálamo e hipófisis)  que se rompe con los rayos ultravioletas y da origen a pro melanocitos que darán color a la piel, su parte pro opio a endorfinas que  lo hacen tolerable y también a cierta dosis de ACTH que estimulará las suprarrenales para que produzcan cortisol para tener más energía para seguir adelante.

Lo mismo que sucede a nivel central cuando se activa el mecanismo neuroendócrino del estrés.

Cada ser humano repite en su concepción, desarrollo y evolución lo mismo que le sucede a la especie. Las etapas del neurodesarrollo se cumplen según una secuencia pre determinada desde etapas embrionarias  y se completan a lo largo de mucho tiempo.

De manera acelerada hasta los cinco años y más lentamente hasta los 30. Pero aún después siguen habiendo fenómenos de  neuroplasticidad, no solo en el desarrollo y reparación de las interconexiones dendríticas entre neuronas  sino en la generación de nuevas neuronas en algunos lugares como el hipotálamo a partir de células gliales del cíngulo, por ejemplo.

Estrés, desnutrición, violencia materna y perinatal.interfieren en esa secuencia además de afectar todos los factores de crecimiento y migración  neuronal.

El sistema inmunológico también es plástico y debió adaptarse a todos los antígenos que fue encontrando a lo largo de la evolución. Pero algo distinto ha ocurrido en los últimos cien o ciento cincuenta años. Agua corriente, cloacas, vacunas y antibióticos mitigaron  la importancia de agentes que habían atacado a la humanidad durante milenios.

Y en ese mismo período de tiempo se produjeron importantes cambios en  las reglas de la humanidad, incluso con la posibilidad de desaparición de  las guerras convencionales luego de la segunda guerra mundial y la aparición de la posibilidad de una hecatombe atómica masiva. La angustia existencial nunca estuvo tan presente.

El desarrollo tecnológico ha sido y es inabarcable y  se produce a una velocidad que la hace inalcanzable para la adaptación biológica. La globalización de las comunicaciones, las redes sociales  y el fenómeno de la noticia instantánea de lo sucedido en cualquier lugar del mundo está cambiando las formas tradicionales de relación.

Esto junto a la “modernidad líquida”, el apuro por conseguir algo de bienestar y  esa especie de  lucha competitiva, de hostilidad  de todos contra todos, sobre todo en las grandes urbes, ha provocado un importante grado de estrés psicosocial

La vida moderna nos mantiene entonces cada vez desde edades más tempranas inmersos en un medio ambiente hostil y conflictivo. Incluso las madres cursan sus embarazos en ese entorno que influirá sobre el hijo que se está formando.

Al  estrés psicosocial se lo engloba dentro de los factores psicosociales de riesgo. Significa que nuestro sistema de adaptación está casi permanentemente activado y va perdiendo flexibilidad. Y así vivimos.

Esa activación permanente nos coloca en el estado que Selye hace casi noventa  años denominó “fase de resistencia”  (la primera es de alerta y la tercera de claudicación del sistema) que puede ser más o menos prolongada según cada individuo. En esa fase  se mantienen  activas todas las expresiones de sustancias químicas de los sub sistemas de estrés: Adrenalina, Nor adrenalina, CRH, ACTH,Cortisol, Vasopresina, Aldosterona, Citoquinas pro inflamatorias, numerosos neuropèptidos, etc. etc.

Un verdadero bombardeo biológico sobre nosotros mismos. Así aparecen más tarde o más temprano las Enfermedades Relacionadas con el Estrés (E:R:E.) que, obviamente, son casi todas las que pueden encontrarse en cualquier texto de Patología Médica y seguramente muchas otras que aparecerán.

Decimos “que aparecerán” y esto  se relaciona con lo que está pasando con nuestro sistema inmune.

Parece ser que como se estaba quedando sin trabajo debido all control de las enfermedades por bacterias, hongos y parásitos ha comenzado a reaccionar de manera inadecuada ante los virus que él mismo destruye confundiéndose y atacando a células propias que reconoce como ajenas cuando algunas de sus partes forman complejos con partículas virales que las células presentadoras de antígenos presentan en conjunto al sistema inmune,  desencadenando  una gran cantidad de enfermedades autoinmunes, de manera creciente. Esa confusión parecería afectar a los Linfocitos T reguladores que activan de más al sistema y en otros casos  de menos provocando inmunodepresión.

Pero además parecería que el sistema centinela y las alarminas del sistema inmune que están  “subocupados” han comenzado a reaccionar ante situaciones de compromiso y sufrimiento psico emocional provenientes del mundo interno de cada persona, como si se encontrara ante un antígeno de los clásicos. Y desencadena el mecanismo del sistema de estrés, su inundación de adrenalina, su  cascada neuroendócrina y la tormenta de citoquinas que lleva a la neuroin-munoinflamación y  a todas las patologías consecuentes desde la Depresión         (que aumenta de manera exponencial) a las enfermedades neurodegenerativas.

Una reacción del sistema inmune ante lo que podemos llamar “sufrimiento moral” que tendrá su correspondiente interacción con los otros subsistemas del mecanismo del estrés. Cuando se afecta uno se afectan inmediatamente todos.Y volviendo a Selye, cuando publicó su  primer trabajo sobre “Estrés” en la década del 30 del siglo pasado  le puso como sub título “ Sufrimiento”.

Sin embargo, todavía se banaliza el concepto de estrés, ignorando su importancia y consecuencias. Prevenirlo y manejarlo es el desafío de la medicina preventiva de hoy en más.

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