Por Pablo Cólica– Estrés e incertidumbre están fuertemente ligados. Tomando lo leído en el sitio www.psyciencia.com sobre intolerancia a la incertidumbre, de Michel Dugas y otros, “refiriendo como tal a lo incierto, desconocido, poco claro o al no estar seguros sobre algo, los autores sostienen que las personas que se preocupan excesivamente reaccionan fuertemente ante la incertidumbre y parecieran ser intolerantes o alérgicos a la misma.

Incluso una pequeña “dosis” de incertidumbre les causa fuertes reacciones.

La intolerancia a la incertidumbre puede ser descripta como la dificultad de aceptar el hecho de que no es imposible que un evento negativo suceda a pesar de su baja probabilidad.

La búsqueda de certeza es inútil en tanto la incertidumbre es parte de la vida. Dado que es imposible estar cien por ciento seguros de algo, la búsqueda de certeza lleva a la constante preocupación.”

De www. psicoactiva.com en el artículo “Aprender a tolerar la incertidumbre” extraemos “el no saber qué va a pasar y la inseguridad que esta sensación nos crea, nos impulsa hacia un intento desesperado de controlar el futuro y anticiparnos como sea hacia un sinfín de probabilidades. Parece que necesitamos controlarlo todo, y más si cabe, ante el desconocimiento y la espera de alguna noticia importante.

El no saber es sinónimo de desamparo, y por tanto, de miedo ante lo desconocido.”
En definitiva estamos hablando de ansiedad anticipatoria en grado severo. La sensación de miedo y desamparo activa todos los mecanismos psicobiológicos del sistema de estrés.

Vivimos en nuestra sociedad en un estado de estrés psicosocial permanente y particularmente en Argentina la incertidumbre sobre el devenir socio económico, seguridad personal, jurídica e institucional son prácticamente una norma desde hace muchos años.

Alguna parte de la sociedad es más resiliente quizá por cierto acostumbramiento a sobrevivir en esas condiciones; otra parte solo puede pensar en conseguir el alimento de cada día y otra, no poco numerosa, vive en un estado de “distorsión cognitiva” evitando la realidad.

Volviendo al último artículo citado, dice que “algunos de los comportamientos más evidentes de la falta de tolerancia a la incertidumbre son los siguientes: Evadir; mucho se habla de evadir responsabilidades, pero principalmente se trata de evitar realizar ciertas actividades, ciertas personas, lugares y situaciones.”

Sabemos que una de las más primitivas formas de sobrevivencia es la fuga, no sabemos si un reptil siente miedo pero seguro que en sus amígdalas cerebrales están fijadas ciertas memorias de peligro adquiridas con la evolución que le permiten reconocer al predador y huir en consecuencia.

Los seres humanos llamamos a esa conducta, un poco más elaborada, evasión o evitación. Estrategia interesante si sirve para replegarnos y armar un esquema defensivo o superador del conflicto, pero pésima si siempre se recurre a esa misma conducta ante un desafío de la vida.

En la propuesta de Dugas y col. es interesante la comparación con la alergia, en tanto quien no tolera la incertidumbre reacciona con severa ansiedad de tipo anticipatorio, aún con “pequeñas dosis” de ese alergeno llamado incertidumbre.

En realidad pocas cosas son tan reales como la incertidumbre que acompaña al ser humano desde el comienzo de la humanización, cuando apareció la capacidad de futurización y la conciencia de mortalidad con el desarrollo del lóbulo frontal como gran articulador de las redes cerebrales. Ningún otro animal tiene esa capacidad.

El ser humano construyó sus propios mecanismos para evolucionar a pesar de la omnipresente incertidumbre, tratando de interiorizar el concepto de que su vida tiene un sentido. A ello contribuyeron cuestiones donde se entremezclan sentimientos profundos como el amor, el altruismo, la solidaridad, la espiritualidad, la fe con la cultura y la filosofía.

Vista así quizá la intolerancia a la incertidumbre puede ser considerada como una expresión de exageración de un egocentrismo que espera certezas y seguridades que la sociedad, los afectos, el gobierno, etc. deberían dar; sin entender que eso es imposible y lo único cierto es que contamos con la capacidad de construir nosotros mismos el presente cada día que comienza.

Pero con realismo, con esfuerzo, poniendo nuestra mayor capacidad racional, cuidando de no caer en “distorsiones cognitivas” que pretenden evitar la incertidumbre con soluciones emocionales mágicas o con distorsiones de la realidad.

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