Por Stella Maris Moyano (médica psiquiátrica)La intención de la siguiente búsqueda bibliográfica es relacionar que el estrés crónico puede desencadenar en una persona vulnerable un cuadro de trastorno de la conducta alimentario (TCA) o bien en personas que padecen trastorno de la conducta alimentaria  puede producirse estrés psicológico con la mirada desde la psiconeuroinmunoendocrinologia.

Desarrollo

Los trastornos alimentarios son trastornos mentales caracterizados por un comportamiento patológico frente a la ingesta alimentaria, obsesión por el control de peso, distorsión de imagen corporal y pánico a engordar.

Son enfermedades complejas, multideterminadas, donde los aspectos psicológicos, biológicos, sociales y familiares de las personas que lo padecen influyen decididamente en su aparición y mantenimiento.

Son un conjunto de signos y síntomas que se encallan fuertemente en conflictos psicológicos y emocionales, repercutiendo inevitablemente en los aspectos clínicos, psicológicos, nutricional y vincular de la persona.

Las problemáticas manifiestas en el cuerpo, son también expresiones de lo que pasa en el mundo interior de esa persona, en el modo de relacionarse consigo mismo, con los demás y con su ambiente.

“Un T.A. (trastorno alimentario) se debe al intento desviado de responder a dificultades o conflictos de distintos órdenes, generando consecuencias sobre la estabilidad emocional y el pensamiento. (Herscovici, 1995)1-

 

En la definición establecida por Federico Soriguer Escofet: “Son enfermedades de causa psicológica o psicosocial, cualquiera que sea el modelo que intente explicarla, que tienen una riquísima, y (en ocasiones muy grave), expresión sintomática orgánica”. Esta expresión orgánica puede incluso llegar a ser fatal. Las complicaciones clínicas y/o nutricionales que pueden aparecer en el transcurso de un TA, pueden derivar en la muerte de la persona. De hecho, según Tinahones Madueño, 2003, el riesgo de mortalidad en los TA es mayor que en cualquier otra enfermedad psiquiátrica.

Existen factores predisponentes, factores desencadenantes y factores perpetuantes de las personas que cursan trastorno de la conducta alimentaria.

Modelo de anorexia nerviosa como enfermedad multifactorial

Teniendo en cuenta a Cecile Rausch Herscovici y Luisa Bay (1997) y Rosa Behar (2000; 2004) se puede nombrar como:

FACTORES PREDISPONENTES: son los que conforman un “terreno fértil” para que una persona pueda desarrollar esta patología.

  • Factores socioculturales

En el contexto sociocultural se refiere a una influencia significativa en el desenvolvimiento de los problemas de imagen corporal que es común a muchas mujeres en la sociedad contemporánea en donde se produjeron cambios en las ideas de estética y en los mandatos y exigencias del ser mujer. Quien debe ser delgada, encajar en la ropa, en un talle único y además si es delgada también va a ser exitosa en el trabajo, relaciones, etc. En las publicidades, redes sociales se muestran los cuerpos “perfectos” ya quieran vender un curso, cigarrillos, autos, planes de viviendas etc., mostrando algo que es ajeno a lo que quieren promocionar.

Nos encontramos frente a una situación en donde existe una exigencia social donde las mujeres en general y las adolescentes en particular pueden ser afectadas:

  • Presiones sociales que la mujer debe ser delgada por los cambios históricos de las ideas estéticas de belleza femenina.
  • Implicancia en el modo que el cuerpo femenino es usado en la publicidad
  • Cambios de roles de la mujer
  • Glorificación del desorden alimentario

Por supuesto que el hombre no ha quedado exento de los cambios y presiones, en el hombre la exigencia es: ser musculoso y muchos tienen distorsión de su imagen corporal y así nos encontramos con la vigorexia que es la obsesión por el cuerpo musculoso y en el mismo ambiente se ofrecen alimentos altamente proteicos y consumos de anabólicos.

  • Factores familiares
  • Falta de resolución de conflictos
  • Sobreprotección familiar y en otros casos madres poco sostenedoras y contenedoras
  • Se pierden los límites generacionales (por ej., una hija que se hace cargo de muchos de los roles asociados con la madre)
  • Altas expectativas parentales para el hijo. Rigidez, reglas inflexibles.
  • Historia familiar de alcoholismo y depresión.
  • Historia de abuso sexual y físico.
  • Antecedentes de TCA en algunos de los miembros de la familia, y familias con sobrevaloración de lo estético.
  • Historia de dietas recurrentes en uno o varios integrantes.
  • Manipulación y hostilidad entre los miembros de la familia.
  • No respeto a la privacidad

Las características de funcionamiento disarmónico de las familias, sostenidas por las alteraciones afectivas de los padres, exponen a la hija a un alto grado de inestabilidad emocional y junto con la precariedad de la función de sostén, facilitan la aparición del trastorno alimentario que, a menudo, se constituye en un organizador familiar.

Es importante aclarar que por si solos los problemas o características familiares no producen un TCA, si podemos afirmar que son factores de vulnerabilidad.

  • Factores de personalidad
  • Gran necesidad de aprobación externa
  • Falta de respuesta a las necesidades internas y dificultad en el reconocimiento de las mismas.
  • Perfeccionismo y escrupulosidad.
  • Poca espontaneidad
  • Poca tolerancia al fracaso y a situaciones estresantes.
  • Necesidad de cumplir con las altas expectativas parentales y a la vez, la sensación de nunca poder colmarlas
  • Auto exigencia y autocritica
  • Sensación paralizante de ineficacia.
  • Dificultad para resolver problemas.
  • Sobrevaloración del aspecto académico a expensas de otras áreas.
  • Hijos modelos: excesiva dependencia y complacencia, tendencia a la conformidad.
  • Déficit en la autoestima, autoestima vulnerable.
  • Necesidad de complacer al otro para así afianzar su autoestima vulnerable.
  • Miedo a madurar, sensación de inseguridad.
  • Gran necesidad de autocontrol puesta en la alimentación y el peso.
  • Déficit de autonomía, dominio de propio cuerpo.
  • Dificultad en el despegue familiar.

FACTORES PRECIPITANTES

Los siguientes son algunos factores que pueden ser gatillantes, pero nunca la causa única de que una persona tenga un TCA. Se llaman precipitantes porque, algunas veces se puede identificar.

La persona que cursa TCA  puede precisar que a partir de tal suceso, episodio, vivencia, comenzó  a preocuparse por su cuerpo, a verse gorda, a vomitar, etc.

Estos eventos también pueden vivir otras personas y no desarrollar la enfermedad, porque no nos tenemos que olvidar que es una patología multicausal. Si podemos decir que la vivencia de dichos eventos es percibir el dolor como una amenaza  de pérdida del autocontrol y de la autoestima y cualquier factor que intensifique la ansiedad, puede precipitar la aparición de la sintomatología alimentaria. Entre ellas:

  • Separaciones y pérdidas (separación de los padres, muerte, enfermedad, mudanza, etc.)
  • Modificaciones biológicas propias de la pubertad que pueden vivenciarse como estresantes.
  • Contactos sexuales vividos como estresantes y negativos.
  • Fracaso personal, escolar, laboral, en la práctica de algún deporte, en las relaciones personales, frente a un grupo o a una potencial pareja (la no tolerancia al fracaso agrava la situación)
  • Un incremento rápido de peso, algo nada infrecuente en la adolescencia.
  • Comentarios críticos de familiares, amigos o personas significativas (“…estas más gordita…ese vestido te ajusta mucho…”)
  • Nuevas demandas del contexto: cambio de escuela, de trabajo, el ingreso a la facultad, etc.
  • La experimentación de cambios en la aceptación, objetiva o subjetiva, por parte del grupo de pares, siendo este grupo el punto de referencia obligado para las evaluaciones personales del adolescente.

FACTORES PERPETUANTES

También los podemos llamar de mantenimiento. Nos referimos a que “una vez que está instalado el T.A adquiere vida propia y se robustece, se fortalece por las mismas consecuencias biológicas y psicológicas de la restricción alimentaria, de los atracones, de los mecanismos de purga y por los factores familiares y sociales” (Herscovici, 1995).

  • Preocupación por la comida.
  • Concentración y memoria deterioradas.
  • Perdida de interés y motivación anteriormente placenteros.
  • Depresión, cambios de humor.
  • Irritabilidad, ansiedad, apatía.
  • Trastornos del sueño.
  • Molestas gastrointestinales y constipación.
  • Disminución del ritmo metabólico y sensación de frio (extremidades frías).
  • Cambios cardiacos: generalmente encontramos bradicardia e hipotensión arterial.
  • Afinamiento del cabello, crecimiento del lanugo (vello).
  • Puede haber signos de deshidratación.
  • Debilidad muscular
  • Los métodos de purga
  • La interacción familiar disfuncional.
  • La interacción social alterada (porque se aíslan y disminuyen fuentes de gratificación)
  • Las percepciones corporales alteradas
  • La iatrogenia: no diagnosticar y en consecuencia no darle la importancia que debiera.

“Buscando una integración etiológica de los trastornos alimentarios podemos decir la falta de respuestas adecuadas de los padres a las necesidades  tempranas del bebé, una dinámica familiar con características  especiales, un ámbito sociocultural con presiones intensas sobre el rol de la mujer, las características de personalidad y, posiblemente, la participación de factores genéticos (agregaría y epigeneticos), hace que algunas jóvenes transiten el periodo de la adolescencia con una deficiente formación de la identidad, pobre autoestima y un sentimiento confuso acerca de los objetivos que persigue en su vida.” (Dr. Lofrano, Dra. Labanca, 1995).

Estos factores mencionados dan cuenta del nivel de estrés crónico que viven estas personas en su historia a veces, o bien antes y durante el curso de un trastorno alimentario.

“La Pine basada en la teoría del estrés, en el paradigma de la complejidad, teoría de los sistemas, teoría del caos, considera que toda respuesta o conducta no devendrá de una causalidad lineal sino de la interacción de diversos estímulos con las vulnerabilidades del sujeto, con sus mecanismos de afrontamiento y sus recursos biopsicosociales.” (Margarita M Dubourdieu, 2008).

Sumando a lo que pasa en personas que enferman de trastorno alimentario, “Dada la multifactorialidad interviniente, un mismo estimulo puede generar respuestas diferentes en distintos sujetos y en un mismo sujeto en distintos momentos de su vida” (Margarita M Dubourdieu, 2008).

Varios autores han estudiado el impacto de eventos estresantes y la aparición de trastorno de la conducta alimentaria.

Uno de ellos estudio eventos estresantes en 50 pacientes con TCA y otros 50 sin patología alimentaria, de un año anterior a la aparición de síntomas de la enfermedad. Los eventos determinaron la existencia de estrés crónico severo en estas pacientes. Las afectaciones más comunes fueron problemas relacionales con amigos o familiares, siendo en pacientes bulímicas mayores los conflictos interpersonales. (Rosa Behar A. y Claudia Valdés W., 1992).

En un estudio realizado en anorexias nerviosas se encontró situaciones de estrés durante un periodo previo de tres meses al inicio de la enfermedad. (Rastam y Gillberg, 1992).

Otro trabajo informa que como desencadenante de cuadros de anorexia nerviosa en adolescentes, presenta como eventos estresantes previos cambio de colegio, mudanzas, mayor exigencia académica, conflictos dentro de la familia, separación de los padres, en el caso de anorexias tardías refiere mayor cantidad de eventos estresantes, como enfermedades médicas, perdidas y conflictos familiares, y en el caso de la bulimia nerviosa se asocia a eventos de perdidas, separaciones, problemas interpersonales con familia, amistades, en problemas de salud y amenazas al bienestar físico. (Pike K, Wilfiey D, 2006).

Los eventos relacionados con la interrupción de las relaciones familiares o sociales, o una amenaza para la seguridad física, relacionados con bulimia nerviosa (Welch S, Fairburn C. Life, 1997).

En otro trabajo se evaluó la anorexia nerviosa en adolescentes y la importancia de su baja autoestima, perfeccionismo y conflictos interpersonales, en casos de mayor edad se presentarían ante eventos previos más serios. (SladeTowards, 1982).

Otro estudio examinó las relaciones entre el estrés, los síntomas psicológicos y los trastornos alimentarios de forma prospectiva durante 4 meses en 143 niñas adolescentes. Los resultados dan más validez de que los síntomas del TCA son predictivos de estrés psicológico posterior en periodos cortos de tiempo. (Rosen J, Compás B, Tacy B., 1993).

El estrés crónico y la comorbilidad psiquiátrica están asociados con el inicio de TCA. La comorbilidad psiquiátrica es un factor mediador parcial en la asociación del estrés con TCA. (Rojo L, Conesa L, Bermúdez O, Livianos L., 2006).

Otro estudio realizado refiere que el 63.3% de los pacientes con anorexia y el 57.7% de los pacientes con bulimia reportan un historial de eventos traumáticos, siendo las agresiones interpersonales el evento traumático más frecuentemente informado. Los pacientes que experimentaron un trauma producido por el hombre experimentaron niveles significativamente más altos de síntomas de TEPT que los pacientes que experimentaron un trauma no producido por el hombre y los niveles más altos se encontraron entre el trauma sexual y no sexual.( Tagay S, Schlegl S, Senf W, 2010).

Dando cuenta de la multideterminación de Anorexia nerviosa, Brusset (1990) refiere que: “la amenorrea, testimonio de un síndrome endocrino complejo que se puede atribuir a una suerte de reposo de la hipófisis, suele preceder al adelgazamiento y, por lo tanto, no puede considerarse su consecuencia directa.”

Dr. Bernardo Rovira y Dr. Eduardo Chandler (2012) en su libro Anorexia nerviosa “Curioso no comer para vivir” refiere que ha visto pacientes con TCA donde la amenorrea se presenta con anterioridad a una significativa pérdida de peso; la vieron en aquellas pacientes que multiplicaron, a limites poco imaginables, la actividad física como forma de lograr disminuir la sensación de hambre y conseguir la ansiada delgadez, correspondiente a la “amenorrea de las deportistas”.

A nivel del funcionamiento tiroideo  aparece disminución de su  actividad, la cual también está ligada a bajar el gasto calórico del organismo. Se trata de hipotiroidismo funcional y que muchas veces la administración de hormonas tiroideas destinadas a corregir la hipofunción empeora el cuadro anorexia.

La restricción alimentaria produce muchas manifestaciones somáticas, tratando de evitar al máximo el gasto calórico. Aparece el lanugo vello fino que cubre tronco y extremidades con la finalidad de abrigo, por lo que usan ropa muy abrigada con temperaturas muy elevadas.

La circulación periférica disminuye, presentando piel seca y fría, manos y pies azulados, cabello se cae y las uñas se quiebran.

Presentan constipación por menor actividad intestinal, lo cual produce gran preocupación en las pacientes.

El corazón atenúa su actividad apareciendo bradicardia entre 60 y 40 por minuto y presión arterial baja sistólica entre 50 y 80 mm.

Se realizó estudio sobre la función autonómica cardiaca en anorexia nerviosa comparado con pacientes con bulimia nerviosa y comparando pacientes sanas,  demostrando que en las pacientes que cursan anorexia nerviosa, a mayor delgadez existe mayor predominio del sistema parasimpático sobre el simpático, como estrategia de ahorro del organismo (Dr. Salvador Guinjoan, 2004).

En anorexia nerviosa se describe la aparición de hipercortisolismo. En un trabajo se midieron niveles de hormona liberadora de corticotropina (CRH) en LCR, en pacientes con bajo peso y luego en periodos de la restauración del peso. Se observó niveles de CRH elevados en pacientes hipercortisolemicos con bajo peso .Tanto los niveles de CRH en el LCR como la función hipofisaria-suprarrenal se normalizaron después de la recuperación de peso. Se encontró una correlación positiva significativa entre los niveles de CRH del LCR y las calificaciones de depresión en pacientes con corrección de peso. Se llega a la conclusión de que el hipercortisolismo de la anorexia nerviosa refleja un defecto en el hipotálamo o por encima de este, lo que resulta en la hipersecreción de CRH endógena. También existe un aumento comparativo entre los valores del LCR y depresión, con recuperación de peso es compatible con los datos anteriores que indican un aumento de la secreción de CRH en la fase deprimida del trastorno afectivo primario y apoya la noción de una relación entre la CRH y la sintomatología depresiva. Además, estos datos son compatibles con las observaciones de que la depresión forma parte del síndrome de anorexia nerviosa. A nivel endocrino, las pacientes anoréxicas con bajo peso, presentan niveles elevados de cortisol plasmático y especialmente CRF (factor liberador de corticotropina), con una respuesta adrenal aumentada a ACTH. (Kaye W, Gwirtsman H, George D, Ebert M, Jimerson D, Tomai T, 1987)

Conclusión y Reflexiones finales

A modo de resumen, habiendo recabado datos de situaciones de estrés crónico vividas por personas que presentan un cuadro de trastorno alimentario en cualquiera de sus formas, se puede visualizar la complejidad tanto de los TCA como del estrés crónico. Existen muchos síntomas que se entrecruzan, el estrés crónico puede ser un desencadenante de un TCA ya sea por eventos estresantes desde la etapa prenatal hasta el momento de la evaluación, así como también el mismo TCA puede generar estrés psicológico.

Sabiendo que son enfermedades multifactoriales, crónicas que necesitan atención urgente por la gravedad y complejidad que presentan, podremos ayudar a nuestros pacientes de una mejor manera, prestando atención a su estrés crónico para evitar otros efectos del mismo y evitar la perpetuación de los mismos cuadros de trastorno alimentario.

 

BIBLIOGRAFIA

  • La esclavitud de las dietas-Cecile Rausch Herscovici (1995)
  • Anorexia Nerviosa y bulimia-Amenazas a la autonomía-Cecile Rausch Herscovici y Luisa Bay. 1993-1997.-
  • Trastornos de la conducta alimentaria. Segunda edición de Rosa Behar y Gustavo Figueroa. 2010.
  • Anorexias y Bulimias. Dr. Víctor Lofrano y Dra. Rosa Labanca. 1995
  • Psicoterapia Integrativa PNIE Psiconeuroinmunoendocrinologia. Integración cuerpo mente entorno-Margarita M Dubourdieu. 2008
  • Estrés y trastornos de la conducta alimentaria-Stress and eating disorders. Rosa Behar A.1y Claudia Valdés W. 1992.
  • Rastam M, Gillberg C. Background factors in anorexia nervosa: A controlled study of 51 teenage cases including a population sample. European Child and Adolescent Psychiatry 1992.
  • Pike K, Wilfiey D, Hubert A, Fairburn C. Antecedent life events of binge-eating disorder. Psychiatry Research 2006.
  • Welch S, Fairburn C. Life events and the onset of bulimia nervosa: A controlled study. Psychol Med 1997.
  • Rosen J, Compás B, Tacy B. The relation among stress, psychological symptoms, and eating disorder symptoms: A prospective analysis. Int J Eat Disorder 1993.
  • Rojo L, Conesa L, Bermudez O, Livianos L. Influence of stress in the onset of eating disorders: Data from a two-stage epidemiologic controlled study. Psychosom Med 2006.
  • Tagay S, Schlegl S, Senf W (2010) Eventos traumáticos, sintomatología de z estrés postraumático y síntomas somatomorfos en pacientes con trastornos alimentarios. Eur Eat Disord Rev 18: 124-132.
  • Salvador Guinjoan .Actividad autonómica cardiaca en pacientes con trastornos alimentarios. 2004.

Kaye W, Gwirtsman H, George D, Ebert M, Jimerson D, Tomai T, et al. Elevated cerebrospinal fluid levels of inmunoreactive corticotropin releasing hormone in anorexia nervosa: Relation to state of nutrition, adrenal function and intensity of depression. J Clin Endocrinol Metab 1987.

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