Por Verónica Sipowicz*- La noticia del embarazo tiene alto impacto en la joven, en la familia y en la comunidad en la que se encuentra inmersa. 

La adolescencia es una etapa de crecimiento y desarrollo en la que se adquieren nuevas funciones en las esferas biológica, psicológica y social. Dichos cambios no acontecen de manera simultánea. La maternidad y la paternidad son funciones de la edad adulta; sin embargo, en la esfera biológica, una adolescente adquiere la capacidad reproductiva sin estar preparada ni desde lo psicológico ni desde lo social para ejercer su rol.

A nivel mundial, el embarazo a edades tempranas se presenta cada vez con mayor frecuencia; la mayoría de ellos son no deseados y con mayores incidencias de complicaciones sanitarias, tanto de la madre como del niño. Muchas veces, son consecuencia de una relación de pareja adolescente; otras, de abuso sexual.

La noticia del embarazo tiene alto impacto en la joven, en la familia y en la comunidad en la que se encuentra inmersa. La actitud de las adolescentes por lo general depende de la etapa que estén atravesando, de la significación de ese hijo y del proyecto de vida previo.

A menor edad, también serán menores las posibilidades de aceptar el embarazo y de criar al niño. Las jóvenes pueden mostrarse preocupadas por los cambios que sufrirá su cuerpo y por su futuro. A veces, puede adoptar una actitud omnipotente, sentir que se afirma en su femineidad e idealizar la maternidad. Es posible que fantasee con la crianza como un juego.

Los problemas aparecen después, cuando deben hacerse cargo del niño todo el tiempo y abandonar su estilo de vida anterior al embarazo. Su autoestima suele verse afectada y también puede sentirse estigmatizada.

En el ámbito social, el embarazo adolescente y los problemas asociados pueden variar según el entorno y las condiciones socioeconómicas. En algunos casos, se dan abortos en malas condiciones y a escondidas de los padres, con las graves consecuencias que ello conlleva. En caso de que decidan tener el bebé, muchas madres abandonan sus estudios y buscan trabajo para hacer frente a los nuevos gastos. La escasa formación académica hace que la remuneración no sea buena.

Los jóvenes tienen que asumir el rol de padres cuando aún están definiendo su propia personalidad. A veces se producen uniones tempranas que se vuelven inestables y pueden acarrear dificultades económicas. El estrés facilita la aparición de trastornos emocionales, violencia intrafamiliar y consumo de sustancias, lo que influirá de modo negativo en la crianza.

En el marco de la prevención, es fundamental la promoción de la educación sexual, el acceso a los métodos anticonceptivos y la asistencia sanitaria.

Una de las fuentes de apoyo más importantes es la familia. Es primordial la comunicación de los padres con sus hijos en lo relativo a temas como el sexo, los vínculos afectivos y los cuidados básicos. La aceptación y el apoyo por parte de los abuelos influyen positivamente en la experiencia de la adolescente, incrementa el sentimiento de bienestar y disminuye las probabilidades de experimentar angustia.

El soporte familiar con el que cuenten así como el trabajo de los equipos de salud que las acompañen serán imprescindibles como factores protectores.

* Licenciada en Psicología

Fuente: La Voz del Interior

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