Por Marina Perassi*- Quiero compartirte algo que puede resultar una respuesta y llevarte a una solución. El cúmulo de preocupación, broncas, miedos y todo lo que tenga connotación negativa, altera los niveles normales de tu cortisol.

¿Y qué es el cortisol?

Es una hormona que produce la glándula suprarrenal (en los riñones) y se libera cuando estás en situación de peligro, es decir, como respuesta defensora de tu organismo hacia algún agente externo que percibe como atacante (yo lo imagino como una especie de guardaespaldas). Hasta ahí y frente a un verdadero peligro estamos bien protegidos.

Ahora, imagina que tus pensamientos de preocupación y miedos no fueran reales, sino producto de tu mente (que se entrena a diario para ser guionista de películas de drama y suspenso sobre tu propia vida) en ese caso, como el organismo no sabe diferenciar si existe un verdadero peligro o es sólo tu imaginación, libera cortisol a la sangre y cuando esto sucede durante un tiempo prolongado (sin peligros reales como tener que defenderte de un león hambriento) ese “guardaespaldas” se vuelve un enemigo de tu salud.

Entonces comienzan los síntomas (indicadores si prestamos atención), que pueden variar desde cambios bruscos en el humor, irritabilidad, depresión, cambios en el peso, palpitaciones, fobia social, insomnio, falta de entusiasmo, desgano, poca energía y una lista suculenta de alarmas que el organismo prende para avisarnos que algo anda mal.

¿Qué hacer en caso de identificarte con algunos o todos estos síntomas?

Un análisis de la hormona cortisol a las 8:30 am y otro a las 16:00 pm es el primer paso. Siempre de la mano de tu profesional de la salud de confianza.

Después de enumerarte tantas pálidas estarás esperando las soluciones, permitime sugerirte desde una experiencia personal, estos tratamientos preventivos:

EL SOL es una de las fuentes principales de Vitamina D, lo que ayuda a mantener el cortisol dentro de los valores normales.

ALIMENTACIÓN libre de azúcares y harinas es tu mejor medicina porque ayudará a no inflamar tu organismo. Animate a sumar los alimentos fermentados o probióticos a tu mesa diaria y algún ayuno en la semana, es decir, saltea una comida en el día (el desayuno, o el almuerzo o la cena) para poner en reposo tus células unas horas, esto es una inmensa ayuda para bajar la inflamación.

HACER EJERCICIO DIARIO es otro gran aliado porque pone el cuerpo en movimiento, despeja la mente y libera las hormonas del bienestar (mínimo 30’).

MEDITAR es tomar un momentito sanador a solas con vos, no es necesario saber hacerlo, sólo buscar una posición cómoda, un espacio tranquilo y destinar entre cinco y siete minutos al comienzo y final del día. La clave: enfocarte en tu respiración, en su flujo perfecto que te conecta con la vida.

IDEAS POSITIVAS, GENTE POSITIVA compartí tu tiempo con gente que ames, que admires y regalate esos momentos. Pensá lindo, conecta con el arte, pinta, escribí, lee, aprende!

Todo muy revelador hasta aquí, pero también quiero contarte acerca del lado B de este proceso. Paradójicamente cuanto más foco pongas en controlar los valores de tu cortisol, más estrés vas a experimentar y los resultados de los análisis no serán los que esperas. Con esto quiero decirte que sí es importante que hagas un chequeo y trabajes en mejorarlo, pero algo que te puede ayudar mucho es no estar pendiente del asunto. Cuando más molesten los síntomas que mencioné, entonces es momento de duplicar las horas de ejercicio, aumentar las horas de descanso y meditación, alejar de tu plato las harinas y los azúcares, darle tiempo a lo que te inspira y disfrutas, generar más planes con amigos los fines de semana, más momentos familiares y tardes al sol.

 

*Lic. en Turismo – Universidad Blas Pascal // Periodista – Colegio Universitario de Periodismo

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