En el marco de investigaciones de epidemiología social se observó que no todas las personas sometidas a situaciones de riesgo sufrían enfermedades o padecimientos de algún tipo, sino que, por el contrario, había quienes superaban la situación y hasta surgían fortalecidos de ella. A este fenómeno se lo denomina en la actualidad resiliencia.

«[…] y se la entiende como la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas» (Edith Grotberg) (1)

El concepto se comenzó a emplear en la física y fue Michael Rutter (2)(3) quien lo acuñó en 1972 para las ciencias sociales.

Rutter dijo que   “todos  los  estudios  de  factores  de  riesgo han revelado una considerable variabilidad en la manera en que las personas responden a la adversidad psicosocial.    Aún con experiencias horribles, suele encontrarse  que  una  proporción  considerable  de  individuos  no  sufre  secuelas  graves.    Durante  los  últimos   años  se  ha  ido prestando  más   atención  a  este fenómeno  que  entraña  la  esperanza  de  una  prevención  satisfactoria.   La hipótesis implícita ha sido que si tan solo supiéramos qué  es lo que permite a las personas liberarse del daño de graves experiencias adversas, tendríamos a  nuestra   disposición  el  medio  de  incrementar  la  resistencia  al  estrés  y  la adversidad.”

La resiliencia no debe ser entendida como la negación de difíciles  experiencias  de  la  vida,  dolores  y  cicatrices sino como  la habilidad para seguir  adelante  a  pesar  de  ello.

Los primeros estudios sobre la resiliencia se centraron en personas que habían vivido situaciones límites: campos de concentración, niños pobres que habitan en las calles o mujeres maltratadas. Aquellos que resistían y seguían adelante, sin tirar la toalla eran los llamados resilientes.

La  herida  o  el  daño  es  un  hecho  real,  pero  a  pesar  de ello para muchas personas el trauma también ha sido instructivo y correctivo.

Uno de los pioneros en el estudio de la resiliencia fue Boris Cyrulnik (4). A los seis años logró escapar de un campo de concentración donde vio morir a sus padres y tras vagar por diferentes centros de acogida, fue adoptado por unos granjeros que le inculcaron el amor por la vida y la literatura. Escribió que la  parte de la persona que ha recibido el golpe sufre, mientras  que  otra  parte  mejor  protegida,  aún  sana  pero  más  secreta, reúne, con la energía de la desesperación, todo lo que puede seguir dando un poco de felicidad y sentido a la vida» (Cyrulnik, 2001). Utilizó la palabra   oxímoron por su  significado metafórico de  los opuestos complementarios ( p.ej.: “el ruido del silencio”) para describir  el  contraste  de  aquel  que  al  recibir un gran golpe, se adapta dividiéndose. Una parte lo sufre pero la otra sigue con más fortaleza.

El trabajo que dio origen a este nuevo concepto fue el de Emi E. Werner (5). Inició en 1955, en una isla de Kauai (Hawai), su estudio con una muestra de 700 niños recién nacidos procedentes de familias que vivían en situaciones desfavorables de pobreza, desestructuración, enfermedades mentales, alcoholismo, etc.

Tras 30 años de seguimiento, obtuvo datos que confirmaron que parte de esos niños expuestos a entornos desfavorecidos, desarrollaron patologías de distinta índole, pero parte de la muestra confirmó la hipótesis de que más de un  treinta por ciento de los niños no sólo no desarrollaron ninguna patología sino que vivían una vida completamente normal, con un desarrollo sano y positivo. Observó  que esos niños resilientes tenían algo en común: todos contaban con al menos una figura de apego (no necesariamente un familiar) que les aceptaba incondicionalmente, independientemente de sus características físicas, inteligencia o temperamento.

De manera que Werner concluye: “la influencia más positiva para ellos es una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo.”

Breilh (6) estudió la influencia de los factores de riesgo  que se presentan cuando los procesos del modo de vida, de trabajo, de la vida de consumo cotidiano, de relaciones políticas, culturales y ecológicas se caracterizan por  discriminación social y profundas inequidades de género y que generan formas de remuneración injustas con su consecuencia: pobreza, una vida plagada de estresores, sobrecargas físicas, exposición a peligros.

Los niños estudiados por  en la isla de Kauai  pasaron diversas penurias y  experiencias de estrés y/o fueron criados por familias disfuncionales por violencia, ausencia del padre, alcoholismo o enfermedades mentales. Muchos presentaron patologías físicas, psicológicas y sociales, como podía esperarse con tales factores de riesgo. Pero ocurrió  que  muchos de ellos lograron un desarrollo sano y positivo, fueron  resilientes.

Como siempre que hay un cambio científico importante, se formuló una nueva pregunta que funda un nuevo paradigma: ¿por qué no se enferman los que no se enferman? (7)

Primero se pensó en cuestiones genéticas  creyendo que era “niños invulnerables” pero la misma investigadora observó  que todos los sujetos que resultaron resilientes tenían, por lo menos, una persona (familiar o no) que los aceptó en forma incondicional, independientemente de su temperamento, su aspecto físico o su inteligencia. Necesitaban contar con alguien y, al mismo tiempo, sentir que sus esfuerzos, su competencia y su autovaloración eran reconocidos y fomentados. Eso marcó la diferencia.

Werner dice que todos los estudios realizados en el mundo acerca de los niños desgraciados, comprobaron que la influencia más positiva para ellos es una relación de apego, cariñosa y estrecha con un adulto significativo.

O sea que la aparición o no de esta capacidad en los sujetos dependería de la interacción de la persona y su entorno humano

Heráclito dijo hace más de veinte siglos “Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río” y en el caso de la resiliencia ocurre lo mismo. Después de una dificultad, nunca se vuelve al mismo punto de origen

PILARES de la RESILIENCIA

  • Autoestima consistente: valoración de uno mismo
  • Introspección  : preguntarse y ser honesto consigo mismo en las respuestas
  • Independencia: conocer los propios límites y saber guardar la adecuada  distancia emocional y física con el otro
  • Capacidad de relacionarse, socializar
  • Iniciativa: capacidad para idear, inventar o emprender cosas
  • Humor
  • Creatividad
  • Ética: Conjunto de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una comunidad.

El término ética proviene de la palabra griega ethos, que originariamente significaba “morada”, “lugar donde se vive” y que terminó por señalar el “carácter” o el “modo de ser” peculiar y adquirido de alguien; la costumbre (mos-moris: la moral).

La ética tiene una íntima relación con la moral, tanto que incluso ambos ámbitos se confunden con bastante frecuencia. En la actualidad se han ido diversificando. Ética son el conjunto de normas que vienen del interior y la Moral las normas que vienen del exterior; es decir, de la sociedad.

Se considera una rama de la filosofía relacionada con la naturaleza del juicio moral, que medita sobre lo que es correcto o incorrecto (lo bueno y lo malo) en nuestra sociedad y en nuestra conducta diaria.

La ética es la obligación efectiva del ser humano que lo debe llevar a su perfeccionamiento personal, el compromiso que se adquiere con uno mismo de ser siempre más persona; refiriéndose a una decisión interna y libre que no representa una simple aceptación de lo que otros piensan, dicen y hacen

  • Pensamiento crítico. El pensamiento crítico consiste en analizar y evaluar la consistencia de los razonamientos, en especial aquellas afirmaciones que la sociedad acepta como verdaderas en el contexto de la vida cotidiana. Exige claridad, precisión, equidad y evidencias,

Teniendo en cuenta eso, el modelo de las verbalizaciones de Grotberg se basa en 4 expresiones resilientes: “yo soy”, “yo tengo”, “yo puedo”, “yo estoy”.  Por tanto, se trata de procurar aumentar situaciones con las que producir dichas verbalizaciones a través de acciones resilientes.  En el  “Manual de identificación  y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes”, de Munist y  colaboradores de 1998, encontramos el sentido de estas expresiones:

YO TENGO

Personas alrededor en quienes confío y quienes me quieren incondicionalmente.

Personas que me ponen límites para que aprenda a evitar peligros o problemas.

Personas que me muestran por medio de su conducta, la manera correcta  de proceder.

Personas que quieren que aprenda a desenvolverme solo.

Personas que me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro o cuando necesito aprender.

YO SOY

Una persona por la que los otros sienten admiración y cariño.

Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto.

Respetuoso de mí mismo y del prójimo.

Capaz de aprender lo que mis maestros me enseñan.

Agradable y comunicativo con mis familiares y vecinos.

YO ESTOY

Dispuesto a responsabilizarme de mis actos.

Seguro de que todo saldrá bien.

Triste, lo reconozco, y lo expreso con la seguridad de encontrar apoyo.

Rodeado de compañeros que me aprecian.

YO PUEDO

Hablar sobre cosas que me asustan o me inquietan.

Buscar la manera de resolver mis problemas.

Controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien.

Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o para actuar.

Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.

Equivocarme y hacer travesuras sin perder el afecto de mis padres.

Sentir afecto y expresarlo.

  • Dra. Mabel Munist. Lic. Hilda Santos. Dra. María Angélica Kotliarenco. Dr. Elbio Néstor Suárez Ojeda. Lic. Francisca Infante. Dra. Edith Grotberg. “Manual de identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes”. Organización Panamericana de la Salud. Organización Mundial de la Salud. Fundación W.K. Kellogg. Autoridad Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI)
  • Rutter, M. (1987). «Psychosocial resilience and protective mechanisms». American Journal of Orthopsychiatry. 57 (3): 316–31-
  • Retter,  Michael.    “La  Resiliencia:  Consideraciones  Conceptuales”.   Journal  of adolescente  Health.    Vol  14,  N°  8,  Society  of  adolecent  Medicine,  New  York, 1993
  • Cyrulnik Boris “La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia” Barcelona, Granica, 2001.
  • Wener Emil E. ver url: http://download.journals.elsevierhealth.com/pdfs /jour-nals/0002-7138/PIIS000271380961044X.pdf
  • Breilh, J. (2003): «Epidemiología Crítica. Ciencia emancipadora e interculturalidad». Lugar Editorial. Buenos Aires.
  • Melillo Aldo, Suarez Ojeda N.  “Resiliencia. Descubriendo las propias fortalezas”.2001. Bs As Paidos
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